viernes, 29 de agosto de 2008

BOLETÍN AGOSTO 2008

GUSTAV – ¿ MI PRIMER HURACÁN?

Aunque las últimas previsiones apuntan a que se desvía un poco la trayectoria, tocando de lleno sólo una parte de la costa de Luisiana, realmente es la primera experiencia en dos años (ya cumplidos) de estancia en este estado y en este país, y justo tres años después del desastre de Katrina.

Se puede seguir la posible trayectoria de Gustav en esta página: www.nhc.noaa.gov/#DEAN.

La imagen superior muestra dónde está ahora, y las inferiores, que se puedn ampliar, muestran las diferentes predicciones. La página se actualiza cada 6 horas, por lo que es bastante fiable.

A diferencia de Katrina, Gustav pillará, si llega, a la gente más preparada. Si hace tres años el Sr. Bush tardó varios días en enviar al ejército, esta vez el ejército ya está en Nueva Orleáns, los sistemas de evacuación dispuestos, y la orden de evacuación a punto. Se dan de plazo hasta las 2 de la tarde de hoy, 72 horas de anticipación. Si persiste el peligro hoy a las 2, obligarán a evacuar la ciudad. Aunque luego no pase nada. Este gobernador, el americano de origen indio (de la India) Jindall, parece ser que prefiere ser recordado (si se diera el caso) como el imbécil que evacuó a medio millón de personas para nada, y no el imbécil que no evacuó a tiempo y murieron X personas. Todo es cuestión de curarse en salud. Pero no todo está tan claro: hace unos días, antes de que naciera Gustav, leí un artículo en el que se decía que los diques de Nueva Orleáns los habían hecho mal, y que no aguantarían un huracán de categoría 3 (que es la previsión para Gustav)…

Así están las cosas: el gobernador y los alcaldes de las principales ciudades llevan ya un par de días pidiendo a la gente que se aprovisione de agua y alimentos enlatados, pues, aunque el huracán no produjera daños humanos, es muy previsible que se produzcan cortes de luz (TODA la red eléctrica es exterior, y los postes se caen con mucha facilidad). Y estar varios días sin luz, como suele ocurrir, supone que muchos establecimientos (incluidas gasolineras) no pueden abrir, no puedes cocinar, y no hay aire acondicionado - ¿os imagináis las casas a 40º, humedad por encima del 90% y sin aire ni ventiladores? Por eso se están poniendo de moda los generadores de propano para las emergencias… El último recurso es ir a un centro comercial, donde suele haber generadores…

En fin, en ésas estamos. Esperando noticias. Sabemos que pasará, por encima o muy cerca, pero, aparte de que algunas cosas comienzan a escasear (la gasolina en algunos sitios, el agua en otros) la vida sigue. Eso sí: si evacuan Nueva Orleáns, el caos en todo el estado va a ser monumental…

Y, por cierto, Gustav nos puede afectar a todos: no sé si sabéis que el 40% de todo el petróleo de los EE.UU. se extrae en las plataformas del Golfo de México, que ya han sido evacuadas. Los expertos ya han anunciado que el cierre temporal de las plataformas puede hacer que el precio del crudo aumente hasta un 30%... y eso va a repercutir seguramente a nivel mundial!!

Esperemos que no, que todo sea una falsa alarma, y lo contemos pronto como una anécdota.

Haré un informe post-Gustav.

Un abrazo,

Antonio

martes, 22 de julio de 2008

BOLETÍN JULIO 2008

De vuelta en los EE.UU. No he estado tanto tiempo fuera, pero hay cosas a las que te tienes que volver a acostumbrar cada vez. El olor a comida en cualquier punto del aeropuerto, los precios sin impuestos (nada vale lo que marca).

Nada más volver me propuse solventar el tema del coche viejo. Llegué lunes, y tuve la fortuna que mi amigo Mauricio iba a buscar el martes por la tarde a su hermana Belén al aeropuerto. Podía dejarme perfectamente en LaPlace sin apenas desviarse. Todo parecía ir bien. Salimos de Baton Rouge, me acompañó al taller (tuve que pagar un poco más por guardarme el coche tantos días), y me dijeron que una rueda no estaba bien, pero que aguantaría hasta Baton Rouge. Antes de irse Mauricio le dije: por si acaso, cuando vuelvas del aeropuerto fíjate si estoy en la carretera. Mauricio se fue, yo también, en dirección opuesta. Nada más entrar en la autopista, los malos augurios que me rondaban por la cabeza se cumplieron cuando noté que había pinchado. Ya no me sorprendió. Ya nada me sorprende, tratándose de ese coche. Cambié la rueda por una de esas ruedas de juguete que ahora ponen de recambio, y ésa no me duró más de un par de kilómetros. La misma rueda dice que es sólo provisional, sólo para unas millas. ¿No es absurdo en un país donde el pueblo más cercano puede estar a 20 millas? En fin, me quedé colgado, de nuevo, esta vez junto a un armadillo seco. Ése estaba peor que yo, pobre. Pude comunicarme con Mauricio, y de regreso hacia Baton Rouge pararon a ayudarme. La única solución era tratar de arreglar la rueda “buena” en una gasolinera e intentar que llegara hasta casa. Eso fue bastante fácil. A unas cuantas millas encontramos una, encontramos el kit de arreglar pinchazos, arreglamos e hinchamos la rueda y volvimos al coche. Empezaba a anochecer. Estar en la cuneta, cambiando la rueda izquierda (casualidad) de un coche cuando pasan esos enormes trailers a tu lado a 70 millas por hora no es muy divertido. Y lo tuve que hacer tres veces!! Por fin con la rueda colocada pude moverme, y con Mauricio a pocos metros detrás de mí, por si acaso, conseguí llegar a casa, a las 9 y pico de la noche (eran las 5 cuando salí del taller). Ahora el coche está ahí, pendiente de ser vendido… pero ésa es ya otra historia.

Las aceras.
Debo rectificar una información que di en los primeros boletines: en Baton Rouge sí hay aceras. No en todas partes, no muy seguidas, pero en algunas zonas se puede seguir durante mucho rato por la acera. Es el caso de mi barrio. De vez en cuando voy a correr por aquí, un circuito de 3,7 millas. Sólo tengo que cruzar dos veces Old Hammond Highway (que, como su nombre indica, es, como casi todas las calles de aquí, una carretera). Por supuesto, lo que no hay ni por asomo son pasos de peatones, ni siquiera en los semáforos. Se cruza a la aventura. Pero eso ya está asumido. Cada vez que se cruza una calle se mira a los dos lados con cuidado, y ya está. Pues bien, en todas las ocasiones en las que he hecho ese recorrido NUNCA me he cruzado con más de una persona a pie. Normalmente voy por la tarde, a eso de las 8… En 3,7 millas de acera una sola persona y yo. Ése es el uso que hacen aquí de las aceras. A mí me viene muy bien.

Por cierto, voy a intentar sacar los distintos nombres que se da al concepto de “calle”. Es difícil aquí, porque en realidad la ciudad no existe, son realmente urbanizaciones y centros comerciales unidos por carreteras.

Street – No hay muchas, pero las hay. Sobre todo en el “downtown”, el centro de negocios. Las calles son como las europeas, en cuadrícula, etc.

Road – Carretera de un carril en cada dirección.

Highway – Carretera de dos carriles en cada dirección, normalmente con un quinto carril en el centro para girar, etc. (Mi calle es una de éstas: Jefferson Hwy.)

Boulevard – Carretera de uno o dos carriles en cada sentido, con una isleta en medio con árboles.

Avenue – Lo mismo, pero en vez de árboles en medio, están a los lados.

Se da la curiosidad de que una calle puede empezar llamándose “road”, pero de repente se ensancha y a partir de ahí se convierte en “highway”…

Sería muy largo explicarlas todas, pues hay decenas de denominaciones diferentes (ver en internet). Quizá en otro momento… por ahora os dejo pensando en qué tipo de calle puede ser “Acadian Throughway”.

Hasta pronto

miércoles, 11 de junio de 2008

MI COCHE NUEVO EN LA UNIVERSIDAD


MI COCHE NUEVO EN LA UNIVERSIDAD I


BOLETÍN MAYO-JUNIO 2008

Escribo esto medio hipnotizado por la combinación de un disco maravilloso de Nina Simone y la noche de Luisiana… se oyen sonidos que, sinceramente, no sé si corresponden a un insecto, a un reptil o a un pájaro. Pero no me molestan, complementan el sonido de los altavoces.

Hace unos días, en concreto la noche del domingo 25 de junio, me dirigía con Ángeles a Nueva Orleáns, para escuchar música de jazz en directo y pasar la noche en un hotel. A medio camino, el coche empezó a fallar, empezó a sacar humo y se paró.

No sé si conoceréis las carreteras de Luisiana (y de gran parte de los EE.UU.), pero se pueden describir como rectas interminables, normalmente con bosques a los lados (la diferencia en Luisiana es que gran parte de esos bosques son pantanosos, plagados de aligátores). Durante kilómetros y kilómetros, todo es igual. Sólo cambia algún cartel que rompe la monotonía. A menudo ves coches parados en el arcén, y piensas: “pobres”, y también piensas que algún día te pasará a ti. Y al final pasa.

El coche se paró, y dados mis conocimientos casi nulos de mecánica, y el hecho de que estuviera anocheciendo, lo más urgente era llamar al seguro. Viajar en los EE.UU. sin móvil es un suicidio, pero yo tenía móvil. Mi primer palo fue descubrir que no tenía contratado el servicio de grúa. Y qué le vamos a hacer. Amablemente, el operador me dio una lista de empresas que realizan el servicio. Empecé a llamar, pero sólo conseguí un par de contestadores y silencio. Y es que era domingo por la noche, y al día siguiente, “Memorial Day”, fiesta nacional (en homenaje a los caídos en las innumerables guerras…). Empecé a ponerme nervioso, y a llamar a mis amigos. Además de otros números de teléfono, conseguí que un par de amigas, Deborah y Susana, se ofrecieran a venir a recogernos. El problema (y ahora es cuando cobra importancia la descripción de las carreteras) era saber dónde estábamos. Hacia adelante y hacia atrás veíamos lo mismo: una carretera recta que acaba mezclándose con los árboles. Entre Baton Rouge y Nueva Orleáns hay unas 80 millas (más o menos 130 km), y yo recordaba haber visto el cartel de 43 millas hasta N.O. Se iba haciendo de noche, pero el tráfico de esa carretera, la I-10 (que une la costa este con al costa oeste de los EE.UU.), siempre es denso, y pasan infinidad de camiones, con lo que no era seguro estar fuera. Además estaban los mosquitos y ruidos extraños de ramas moviéndose que venían del bosque cercano. Pero estar dentro del coche era aún peor: había una humedad infernal, y sin aire acondicionado aquello era insoportable. Una amiga sugirió llamar a la policía. Llamé a emergencias (911), y una voz aburrida me preguntó dónde estaba, y le hice la misma descripción vaga que había hecho a mis amigas. Lo único que podía añadir era que estaba junto a un cartel que decía (parece broma) “sólo parar en caso de emergencia”. Dijeron que enviarían a alguien. No pasó nada. Volví a llamar, a hacer toda la explicación otra vez, y nada. A la tercera llamada enviaron a alguien, y más de media hora más tarde (después de Deborah y Susana, que vinieron desde Baton Rouge, y nos dijeron que estábamos a 30 millas de N.O.) llegó un coche de la policía, con sus luces y su foco cegador. Esperé a que se acercara y le expliqué lo que había pasado: se me ha parado el coche, y he llamado a la policía… “y aquí estoy”, me dijo sonriente; me pidió el carnet, dijo que iba a llamar a una grúa y se fue a su coche. Pasada más de media hora yo no entendía qué estaba pasando, pero cualquiera se acerca a un coche de policía de noche!! Así que esperamos, y a los 45 minutos llegó una grúa. Iba a llevar el coche a LaPlace, a unas 5 millas de allí. El amable policía había llenado todos los documentos por mí. Nosotros nos volvimos a Baton Rouge, sin jazz, ni hotel, ni nada, pero sanos y salvos.

El martes me acerqué por LaPlace en un coche de alquiler, entré en el comercio de la grúa (un almacén anclado en el tiempo, con una tele en blanco y negro y decenas de fotos de coches destrozados, y polvo y suciedad de décadas) y pagué el traslado del coche hasta allí, y luego hasta un taller, donde iban a diagnosticar el problema. No recuerdo qué me costó, creo que unos 200 dólares. Y el coche aún está en ese taller, donde le diagnosticaron que no tenía arreglo… salvo cambiarle el motor entero. Ese diagnóstico me costó otros $100. El cambio de motor me costará entre $2600 y $2700, para un coche que me costó $4000 hace menos de dos años!! Pero tras darle muchas vueltas y negociar con el mecánico, he pensado que es mejor arreglarlo e intentar venderlo por $3500 o $4000 (el motor “nuevo” es mucho más “joven”), y así minimizar las pérdidas en la medida de lo posible.

El miércoles de aquella semana fui a comprarme otro coche, y el jueves ya lo tenía (lo habría tenido el mismo miércoles si hubiera llevado el cheque). Lo podéis ver en la foto. Ya le tenía ganas en España, y aquí ese coche vale más o neos la mitad que en allá!!

MIAMI

Estuve en Miami para un curso, y pude ver muchas diferencias con respecto a Luisiana (aparte del nivel económico).

Por ejemplo, el tráfico: ya he contado que aquí la gente es organizada, civilizada, amable. Allá no funciona igual: cada uno mira por sí mismo… si pueden colarse, adelante! Ya parará el otro. Me lo contaba un taxista. Y lo explicó así: “es que nos sale lo latino…” Y es que en Miami no es fácil hablar inglés!!

Es curioso también el sistema de las propinas. Han inventado un sistema para que no te tengas que calentar la cabeza calculando la propina (que, como sabéis, en los EE.UU debe estar entre el 15 y el 20%) y no se te olvide: directamente en todas partes te cargan el 18% y punto. Si no quieres dejarla tienes que descararte tú (no es obligatoria, pero casi) y quitarla de la cuenta…
Miami también ha tenido sus buenos huracanes, lo que pasa es que no se recuerdan como Katrina en Nueva Orleáns. El mismo taxista contaba que el huracán Andrew dejó la ciudad más de un mes sin electricidad…

GENERALIDADES

Otra cosa que es general en los EE.UU., según mis conversaciones con compañeros en otros estados, es el aire acondicionado. Los termostatos se diseñaron para mantener las habitaciones a la temperatura deseada, ¿no es así? Es decir, supongamos que la temperatura ideal son 20 grados. Ponemos el termostato a 21, y en invierno la calefacción subirá la temperatura a 20, y en verano la bajará a 20. Pues aquí no piensan así: cuanto más calor fuera, más baja dentro. Si sube a 35, dentro la ponen a 15 (en verano SIEMPRE hay que tener una chaqueta en la oficina y para ir al supermercado). Y en invierno al revés. Pero el colmo de los colmos, la demostración mayor de estupidez y de carencia de sentido ecológico, es lo que hacen en algunos edificios de oficinas: en pleno verano utilizan… estufas de aire para contrarrestar el frío del aire acondicionado!!!!!

EL CAMBIO
Supongamos que, en España, vamos a una tienda y el precio de lo que vamos a comprar es de 10.58 euros. Y tenemos un billete de 20 y una moneda de euro. Le damos los 21 euros al dependiente (o dependienta) y nos devuelve 10.42, ¿verdad?

Pues bueno, no es así por aquí. Ya me di cuenta hace tiempo, pero recientemente he tenido un par de experiencias curiosas.

La primera, muy parecida al ejemplo. Algo costaba $10 y pico. Yo dejé 21 dólares en el mostrador, y el empleado me dijo: “you are giving me too much”, o sea que le estaba dando demasiado. No tenía ganas de perder el tiempo con la explicación, así que retiré el dólar y luego recogí los 9 dólares más la chatarra y me fui.

La segunda, estaba pagando en uno de los comedores de la universidad, y la cuenta eran (no me lo invento) $9.01. Primero pensé que me “perdonaría” el centavo. Los centavos la gente no los quiere, ni los recoge del suelo. Le di un billete de $10. Pero no, empezó a preparar los 99 centavos de chatarra. Busqué desesperadamente en mis bolsillos, pero nada. Pensé: “seguro que en el suelo hay alguno”. Y efectivamente, no uno, sino dos. Recogí uno, y le dije: “espere”, y dejé un centavo encima del mostrador. La chica me dio las gracias, lo metió en la máquina y siguió preparando la chatarra. Ahí sí que no salía de mi asombro. Pero como tenía tiempo, le hice la explicación: me iba a devolver 99 centavos, yo le daba el centavo que faltaba y me tenía que devolver un dólar. Estuvo mirándome un rato y al final, al insistirle yo, me dio el dólar. Pero por la cara que se le quedó estoy seguro de que pensaba que la había estafado.

sábado, 10 de mayo de 2008

BOLETÍN ABRIL-MAYO 2008

Hola de nuevo: ya de vuelta en Luisiana, después de tres semanas de "descanso" en Alcoy (Fiestas, etc.) me encuentro con el verano a punto de empezar… o mejor dicho, ya empezado: hoy mismo estamos a 30ºC y con mucha humedad. Lo que más me gusta de esta época es que los magnolios están en flor. Son unos árboles espectaculares y unas flores espectaculares. Pasar cerca de una de esas flores enormes y delicadas y sentir ese aroma tan profundo… Por algo la magnolia es la flor del estado.

Ojalá todo fuera tan bello. La vuelta también me ha deparado otro tipo de sorpresas.
¿Recordáis el terrible asesinato de 32 personas en Virginia Tech a manos de un estudiante? Pues ese hecho trágico, que conmovió a la sociedad americana y al mundo, sigue trayendo cola. Pero no de la manera que cabe imaginar: no se plantean limitar la posesión de armas, sino todo lo contrario: en estos días se está debatiendo la supresión de una ley que prohíbe las armas en el campus de las universidades de Luisiana. Según los promotores de la moción, los estudiantes y profesores tienen derecho a protegerse de agresores como el de Virginia Tech., y la mejor forma es poder pegarle un tiro antes de que él te lo pegue a ti. Dicen que los que se oponen a la tenencia de armas es porque no las conocen… En fin, supongo que pronto podremos estar más tranquilos, con cientos de alumnos, profesores, trabajadores y visitantes con armas en sus bolsillos o mochilas, siempre alerta por si ven a alguien sospechoso de llevar a cabo una masacre, para poder pegarle un tiro. Y eso, pensando, inocentemente, como los promotores de la medida, que los que lleven el arma van a ser “los buenos”…
Otra muestra de buena salud mental, lógica e inteligencia de los americanos. También se acaba de aprobar en Luisiana (por unanimidad!!!) que el creacionismo (eso de que Dios creó el mundo, los planetas, y a Adán y Eva, etc.) se enseñe en las escuelas, como alternativa al evolucionismo. Pero no en las clases de religión… sino en las clases de ciencias!!!!! Llevan desde los años 80 intentándolo… al final lo conseguirán!! Ver
http://scienceblogs.com/gregladen/2008/04/louisiana_moves_towards_creati.php
Curiosamente, ahora mismo hay en las pantallas una película/documental, “EXPELLED: No Intelligence Allowed”, que trata de ese tema: los creacionistas se sienten discriminados…

No sé si muchos de los que estamos aquí hemos experimentado la profundidad del sur profundo como uno de nuestros profesores, José Miguel, destinado en Tallulah, en la parroquia de Madison, la más pobre del estado. Tallulah tiene una renta per cápita casi la mitad de la media del estado, que ya de por sí es el estado más pobre de los EE.UU. En Tallulah hay8.000 habitantes, un 75% de población negra, el 43% de la población está por debajo del nivel de pobreza, y el 23% está por debajo de la mitad del nivel de pobreza. En Tallulah no hay ni una sola cafetería, ni un gran supermercado, sólo un par de restaurantes de carretera en la salida de la autopista... y 89 IGLESIAS. Para más datos ver http://www.city-data.com/city/Tallulah-Louisiana.html. Pues bien, en Tallulah ha sobrevivido un curso entero José Miguel, un héroe de nuestro programa. Su compañero, Raúl, se volvió a España después de una semana.

Cuando pasé por inmigración en Atlanta a la vuelta de España la semana pasada, y entregué mi documento de declaración de aduanas, vi cómo el agente tachaba mi respuesta en la casilla “Lugar de Residencia”… yo había puesto “United States”, y él rectificó: “Spain”. Le pregunté cómo era posible que yo no fuera residente en los Estados Unidos cuando me acabo de comprar una casa y llevo casi dos años viviendo aquí. Muy amablemente me explicó que yo era un “non-resident”, un residente temporal, pero que como este país es un país multicultural y abierto, no tardarían en darme la residencia… entonces comprendí que “Resident” no es un estado físico (resides aquí o allá), sino una categoría legal: indica que tienes el derecho de residencia sin necesidad de visado. Me ha costado casi dos años entenderlo. Soy un “non-resident legal alien”.

Antonio

Como Eñe por su casa I

martes, 4 de marzo de 2008

Boletín febrero-marzo 2008

¡Hola!

Con un poco de retraso, pero ahí va el boletín sobre Mardi Gras y otros temas…

MARDI GRAS
El año pasado me lo perdí, pero este año lo he podido vivir en mis propias carnes (exagero).
Visto desde fuera, es decir, como espectador novato, Mardi Gras no es más que una serie de desfiles (“parades”), bastante parecidos a lo que en Alcoy llamamos “la retreta”: gente disfrazada que desde carrozas lanza regalos. El 90% de esos regalos son collares. Millones de collares, de todos los tamaños y colores… de plástico, por supuesto. La gente grita y levanta los brazos (espero poder enviar fotos para que se vea bien) esperando que les tiren un collar. Y se van a casa con bolsas llenas, o el cuello doblado por el peso. Normalmente los tiran sin mala uva, aunque a veces te llevas un collarazo en la cabeza cuando menos te lo esperas. Y eso en cada desfile. Y hay montones de desfiles, con diversos motivos e itinerarios. Las carrozas son una parte muy importante. En Baton Rouge son bastante simples, sin querer menospreciarlos, aunque algunas sean tan grandes como un “tráiler” de los grandes adaptado. En Nueva Orleans he visto carrozas realmente espectaculares, como una que estaba formada por siete remolques enormes empalmados, formando un tren. Por lo menos medía 60 o 70 metros. Pero qué arte tenía el conductor del tractor que la llevaba para girar... Impresionante.

En Baton Rouge el carnaval es algo bastante familiar, pero en Nueva Orleans es otra cosa: aparte de que los desfiles se cuentan por decenas y son más ostentosos, allá está Bourbon Street.
Bourbon Street está en pleno “French Quarter”, cuyo nombre, por cierto, no puede ser más equívoco: el barrio consiste en una cuadrícula de calles encantadoras con construcciones de tipo español, con lo que el nombre correcto sería, sin duda, “Spanish Quarter”. En algunas calles aún hay placas con los nombres originales en español: Royal Street era Calle Real, etc.

Bourbon Street (la calle Borbón) es la calle de referencia si uno quiere vivir los carnavales “a la Nueva Orleans”. En realidad es la calle de referencia para el turismo durante todo el año, con sus incontables bares, algunos de calidad con música en directo, muchos de ellos locales cutres que atraen a los turistas con bebidas baratas de colores extraños y potencia que hace honor a sus nombres: huracán, ciclón, granada de mano… Los turistas típicos, por supuesto, las beben en grandes cantidades, y en la calle. Por cierto, Nueva Orleans es el único sitio que conozco en los EE.UU. donde se puede beber en la calle sin que pase nada. Y no sólo en carnaval. La gente de Nueva Orleans, según me han dicho, huye de esas calles y esos bares y va a otros, más tranquilos y separados del bullicio y la masa.

Bourbon Street (como el resto del barrio) está flanqueada de balconadas de hierro, muy bonitas, que los propietarios alquilan a precio de oro durante el carnaval. Algunos bares permiten subir a los clientes por un módico precio.

Una escena típica en Bourbon Street podría ser ésta: en un balcón hay unos señores con muchos collares de cuentas de plástico, una chica pasa por la calle y el señor le ofrece un collar o la chica se lo pide. Hay una negociación que todos conocen: lo conseguirá si se levanta la camiseta y le enseña al señor los pechos (eso se llama “flash”). Algunas veces lo conseguirá sin tener que hacerlo, pero la mayoría de las veces se irá de vacío. Si lo hace se llevará el collar, para regocijo del público en general (turistas y curiosos con cámaras darán fe de ello). En algunos casos el mismo señor del balcón lleva su propio “paparazzo”, que está siempre preparado, y las fotos aparecerán en alguna página de internet. También se da el caso contrario: una joven está bailando en un balcón. La gente le tira collares desde la calle, y ella muestra sus pechos, etc. Suele haber bastante concentración de gente alrededor de esos balcones, y las chicas suelen ser o turistas muy borrachas o chicas contratadas por algún establecimiento.

Otras escenas típicas: individuos o grupos llevan pancartas animando a los pecadores (bebedores, mirones, strippers) para que se arrepientan de sus pecados. Esto se ha convertido en una tradición, y hay tantos que empiezo a dudar de la autenticidad de las propuestas.
También es común ver mujeres con el torso desnudo y pintado con diferentes motivos de colores por la calle. La mayor parte de ellas no merece una segunda mirada. (Perdón por el comentario machista). Lo que no llegué a ver fueron escenas depravadas de sexo en plena calle, más allá de algún magreo o chupetón a cargo de señoritas de moral ligeramente despistada en algún balcón.
Dicen que antes de Katrina no se podía caminar por la calle (literalmente, la masa te arrastraba como un río), aunque ahora es bastante menos agobiante. Se puede caminar bastante seguido, esquivando la gente y los charcos (al final de la noche la calle Bourbon es un mar de no se sabe qué, se supone que bebida derramada, mezclada con millones de cuentas de plástico y vasos vacíos).

Curiosamente, una de las cosas que más me sorprendió durante uno de los desfiles (más que las tetas y los carteles, de los que ya me habían hablado) fue que la policía que controlaba al público confiscaba los pañuelos que los negros (me canso de decir “afroamericanos”, para mí decir “negro” no es ningún desprecio) llevaban al cuello... y ellos no protestaban. Al cabo de un rato (me interesaba más eso que el desfile) me acerqué y le pregunté a un policía por qué hacían eso. Y me contestó con estas palabras: “No sign of group activity is allowed” (no se permiten símbolos de actividad de grupos). Los había negros y rojos (pañuelos). Les hacían quitarse los pañuelos del cuello, de la cabeza. A uno le confiscaron la cazadora, supongo que llevaría algún símbolo. Al cabo de un rato (no me atreví a hacerle una foto) vi a uno de los policías bailando con un pañuelo en cada mano. Luego desaparecieron (los policías), supongo que para colocarse (situarse) en otra esquina.

En fin, la experiencia de Nueva Orleans en Mardi Gras fue muy edificante, tenía que ver de primera mano lo que me habían contado, y doy fe de que todo es verdad, pero habrá que esperar unos años para que el carnaval (y la ciudad) recupere la intensidad y el grado de desmadre que describen los que vinieron antes de Katrina.
PASEAR
Me contaba el Cónsul de España en Nueva Orleáns que nada más establecerse en su nueva casa (lleva sólo medio año aquí) se le ocurrió salir a pasear por su barrio. Craso error: al poco tiempo lo paró una patrulla de vigilancia, preguntándole qué hacía. Intentó explicarles que paseaba, pero para ellos caminar sin un destino concreto, lo que llaman "loitering", es sospechoso, y lo querían detener. Tuvo que llamar él a la policía para que le dejasen tranquilo! Casi nadie pasea. No sólo aquí, sino en todos los EE.UU. En LSU la gente camina o corre alrededor del lago, pero eso se considera deporte. Es muy raro ver a alguien caminando (algún día me pararán porque a veces voy caminando al supermercado, a 12 minutos de casa). Si alguien lo hace, o bien es afroamericano (y se sobreentiende que pobre, y no tiene coche) o algo le pasa...

ASESINATOS Y ARMAS
Hace un mes, más o menos, una joven estudiante entró en un aula de una escuela técnica de Baton Rouge, mató a dos compañeras, les dijo al resto que no tenían nada que temer, y se suicidó. Ya no se habla de eso por aquí porque a los pocos días otro chalado mató a cinco o seis en Illinois (con armas que compró legalmente en una tienda).

Pero la historia tiene mucha “chicha”: para empezar, se sabía que las chicas en cuestión eran afroamericanas sólo leyendo los nombres: Latina Williams, 23. Karsheika Graves, 21, and Taneshia Butler, 26. Esos nombres son típicos entre la sociedad afroamericana, como son Keniatta, Chiquitta, y muchos otros nombres que a nosotros nos suenan raros.

Pues bien, Latina, el día antes, compró una pistola y munición en una casa de empeño de Nueva Orleans. Quizá no habría sido necesario irse tan lejos, pues las armas se pueden comprar en los supermercados. Y ayer me enteré de que no es ilegal llevar un arma a la vista, pero sí llevarla oculta…

La prensa desveló más información sobre las víctimas, que sirve para conocer un poco mejor su entorno: Karsheika era, a sus 21 años, madre de de dos, uno de apenas un año y otro de 5 meses; nada sorprendente; Taneshia , a sus 26, tenía tres hijos, de 12, 9 y 4 años (haced cuentas).

La sociedad afroamericana funciona de manera muy diferente a lo que conocemos. Las estadísticas ponen los pelos de punta: entre el 85 y el 90% (sí, no es una errata, noventa) de los escolares en las escuelas públicas proceden de familias monoparentales, es decir, viven con la madre (o la abuela materna). La figura del padre no existe para 9 de cada 10. Y, por supuesto, lógicamente, el abuelo tampoco!!
Poco después de escribir este boletín recibí una llamada de Susana, una de nuestras profersoras en una escuela de secundaria de Baton Rouge, muy asustada porque hacía un rato habían detenido a un niño de 13 años en su escuela con una pistola. Al parecer quería asustar a otro(s) niño(s), y el arma estaba descargada. Pero el muchacho se había puesto un chaleco antibalas... por si acaso.
Lo que da miedo es pensar en los millones de niños con problemas de cualquier tipo que tienen acceso a las pistolas, seguramente legales, de sus padres.

ANUNCIO
Hace poco vi junto a la autopista un anuncio enorme en el que había una fotografía de una caja azul y un letrero ofreciendo una recompensa de $10.000 para quien pudiera dar alguna información sobre la caja perdida. Decía también “no questions asked”. Me pregunto qué podría haber dentro de la caja…

DEMOCRACIA VECINAL
Este país será lo que será, pero tiene formas democráticas de opinión y decisión bastante respetables. Los vecinos colocan carteles en sus jardines apoyando causas diversas; a menudo es el apoyo a algún candidato (a gobernador, a presidente, a sheriff), a veces a otras causas, como la construcción de un macro-casino en Baton Rouge (carteles de apoyo y de rechazo). Hace poco hubo un referéndum sobre ese tema. Ganó el sí, por lo que se construirá el casino, que proporcionará 1200 empleos directos y 2000 en la construcción… pero convertirá un barrio residencial hasta ahora tranquilo en la periferia de un centro comercial.

Hasta el próximo boletín.
Antonio

sábado, 26 de enero de 2008

Enero de 2008

Estoy convencido de que justo antes de volverme a España todavía seguirán sorprendiéndome cosas de este estado y este país.
No me sorprende leer que el 60% de la población escolar de las escuelas públicas de Luisiana esté considerada pobre (los ricos van a escuelas privadas), pero me llama la atención que hay un indicador de educación que llaman “chance of success”, es decir, posibilidades de éxito, de triunfar en la vida. Los alumnos de la escuela pública en Luisiana están a la cola de los EE.UU. Es muy fuerte, y muy triste, pensar que ya se sabe que la gran mayoría de esos alumnos no va a hacer nada en la vida…
Una profesora me contaba un par de cosas que han pasado recientemente en la escuela, que a nosotros nos dejan pasmados pero que aquí, al parecer, no sorprenden mucho: alumnos a los que hay que preparar deberes especiales porque están en el hospital por herida de bala, alumnas embarazadas con 11 años, alertas rojas en los centros porque dos chavales se están peleando y uno tiene una pistola en su taquilla… ayer el colmo fue enterarme en una escuela que visité en un pueblo llamado Sulphur de que la policía, además de educación vial, lleva a los alumnos de 5º de primaria… A PRÁCTICAS DE TIRO!!!! La explicación es que casi todos son cazadores, y que si disparan bien habrá menos accidentes… pero a mí me pone los pelos de punta!!!
Por cierto, el pueblo, Sulphur, situado junto a la ciudad de Lake Charles, obviamente, toma el nombre de las minas de azufre que hasta hace poco poblaban la zona. Todavía se huele en el ambiente el azufre. Dicen que hay muchos casos de cáncer. La mayoría de las minas son ahora depósitos de petróleo, forman parte de la Strategic Petroleum Reserve, la mayor reserva de petróleo de los EE.UU., que aquel 11 de septiembre nefastamente famoso sobrevolaban los cazas americanos por si acaso… (ver http://en.wikipedia.org/wiki/Strategic_Petroleum_Reserve ).
Como la mayoría de las ciudades de Luisiana, Lake Charles basa su vida social en tres enormes casinos. Los casinos aquí no son lugares con clase, a los que uno tiene que ir bien vestido para que lo dejen entrar, sino lugares donde van los pobres a dejarse sus pocos ahorros, con la esperanza vana de hacer dinero fácil. Así es este estado, y así es este país. El amigo Bush se inventó una ley que teóricamente quiere mejorar la educación en las escuelas. Se llamó “No child left behind”, es decir, que ningún niño quede atrás. Consiste en premiar a las escuelas con mejores resultados, dándoles más dinero, mientras que las que peores resultados sacan ven recortado su presupuesto. No me invento nada, es así. ¿Qué ha ocurrido? Las mejores escuelas son cada vez mejores, mientras que las peores, las de los barrios pobres y de alumnos pobres, son cada vez más pobres (ver el segundo párrafo). Ésa es la idea de justicia de Bush… que, dicho sea de paso, es considerado por los propios americanos como el peor presidente que ha tenido este país en toda su historia.
Pero no pasa nada: aquí en Luisiana todo el mundo contento, porque los LSU Tigers de Baton Rouge ganaron el campeonato nacional de fútbol americano universitario el pasado 7 de enero, y eso es suficiente para que estén contentos y orgullosos durante muchos, muchos meses.
Bueno, estamos a punto de llegar al Mardi Gras, el carnaval de aquí. Me enteré el otro día de que el roscón que se toma aquí antes de Carnaval es el mismo que allá tomamos en Reyes, sólo que pintado de los colores del carnaval: verde, lila y dorado. Aquí se toma desde Reyes hasta Mardi Gras. Y también lleva sorpresas y la corona.
La llegada de un nuevo acontecimiento festivo/social/comercial conlleva el ajuste de todos los comercios y la exposición de todo tipo de mercadería (merchandise). Ahora es imposible entrar en un supermercado y no atravesar pasillos enteros de productos de color verde, lila y dorado… que, por motivos de calendario, coinciden este año con los horripilantes pasillos de color rosa de San Valentín. Una vez pasen esas fechas se sustituirán por el siguiente evento, aunque no se retirarán del todo: seguirán en exposición unos días, a mitad de precio. Aún puedo comprar árboles de Navidad y papanoeles musicales a precios de ganga, para el año que viene.

That´s all, folks.
Feliz carnaval.
Antonio